jueves, 25 de marzo de 2010

Ojo a la deriva -(para Viridia Woolf)




Cormoranes. Cormoranes buscándose a ciegas en la duramadre de la niebla.
Llamados en 4D. Una pared que se aparta. Alta en el mar.

En las ondulaciones del verde el ojo flota nostalgioso de la muerte.

Lo no sucedido inesperadamente liberado de su estática de posibilidad interrumpida y lanzado al abordaje de una existencia. Memoria del mar.
Subrepticio flash sobre las imágenes que una vez impregnaron todos los sentidos.

Ojo preso, fijo, amarrado a colores mentales Fondeado en el pasado.
Hundido en el azul. Ahogándose en el verde.

La mesa del capitán para la familia de la que casi perdió su vida. La cena está servida.
Para ella, para la madre para el hermano. Un capitán hablando de los tiempos para Hombre al agua. Cualquier cosa caída al mar.
Recuerda. También las niñas.
Sirena. ¿Durante cuánto tiempo se aminora desde el ¡Hombre al agua!?
¿Durante cuánto tiempo no se detiene no se puede no se alcanza?
¿Durante cuánto tiempo viene la muerte?
Recuerda. Una niña sentada que no podía ver el mar.
Un asiento de cubierta respaldado en la borda. El banco. La borda.
Ahora el ojo la ve. Es una niña parada en la borda de un barco petrolero.
¿Quién sabe de las medidas de un barco así? Cayendo. ¿Durante cuántos metros cayendo?
No hay referencias. La urgencia de tocar el agua de allá abajo. De atravesar el verde Hundirse en el azul.
Es una luz tirando de una niña. Una mirada cayendo.

Pero ahora la luna gravita y el viento levanta las crestas del blanco.
Se percibe la respiración rítmica del mar, su latido de vida. El desparpajo de los cachalotes en la distancia.
Muy cerca, casi encima, el paso atolondrado de los cardúmenes. Fosforescencias y burbujas en la superficie. Voces submarinas presentidas pero inaudibles.
Inaudibles. Y la estela del barco que se ha borrado en el mar.

Longitudes y frecuencias se han desarmonizado en la memoria. La onda lumínica juega a ras del agua una física estrepitosa. La onda marina se desbarranca. Las dos se buscan. No se encuentran.
Muchedumbre de fotones refracta confundida. Refleja con errores. Aquí no era. Ni aquí.
¿Adónde la mirada que caía desde la borda de aquel barco petrolero?

Nada de lo que es refiere a lo evocado y nada de lo evocado refiere a lo anterior.
¿Adónde el salto?
Los colores se perdieron. Están sumergidos como los cormoranes en la duramadre de la niebla.
Azul ya no es azul.
Verde no se reconoce.

Ahora el ojo suelta amarras y se va a la deriva.