lunes, 16 de noviembre de 2009

Invisibilidad


En el remoto principio hay un punto de soledad
Haciéndose raya. Haciéndose frontera
Hay un adiestramiento en la conveniencia de no llamar la atención
Hay la piel aprendiendo a cerrar la boca
El psicólogo duerme, claro, adentro del placard
Los afiebrados pinceles van y vienen, mienten, jaquean al sol
Pero no exageremos, nada grave ha sucedido
Algunos estamos muertos, es verdad, pero quién sabe si fue homicidio
La escena del crimen es harto confusa
Y el investigador no encontró evidencia
Fue a buscar al psicólogo que dormía en el interior del placard
Necesito una punta de hilo, una señal, un indicio Fue a decirle.
Pero el psicólogo se había despertado y se había ido tras una pastillita
Tras unos alcoholes. Y sólo quería olvidarlo todo
Y se cerró el caso por falta de prueba y todos nos fuimos por fin a dormir
Y soñamos con una frontera que era sólo una raya
Que era sólo un punto que era sólo un sueño

Haber aprendido la estancia breve entre la gente
Haber aprendido a evitar segundas miradas y partes
Mimetizarse entre los pastos. Un juego de insectos y de pequeños seres huidizos
Haber adquirido demasiado pronto los dones de la invisibilidad

3 comentarios:

viridia dijo...

Esos aprendizajes tempranos, syl,nos profundizan lo profundo, para decirlo al modo de Celan.

leon rp dijo...

Serían muertes necesarias. No se cuestione más. En cuanto a la invisibilidad...Yo, creo, me parece, que la veo...¿es usted?

parrain dijo...

Aunque su texto no es quejumbroso, se intuye el duelo. Si usted en esta hora se pregunta por el jardín de Ts’ui Pên, recuerde que le estaba dado transitar por sólo un sendero y que algunas de las que usted fue, o que podría haber sido, iban a quedarse de todos modos en cualquier encrucijada